Descubrir la escena en cualquier espacio
Memoria de La Pedida Por: José Arturo Torres Corrales
Escribo este texto a dos días del estreno en el segundo piso del barra azul. En una hora comienza nuestro último ensayo y si alzo la mirada del ordenador, veo esto:

Si te encuentras algo así un martes por la tarde, ¿qué pensarías que es? Yo veo un teatro, pero seguro tú tienes razón; es mi sesgo profesional el que falla. No sé por dónde empezar, así que pienso en lo que te gustaría leer a ti que, combatiendo el algoritmo feroz, te dispones a leer esto. ¿Que en ocho meses de trabajo no hemos ensayado una sola vez en un teatro? ¿Que utilizamos cartas de tarot como parte del proceso de ensayo? ¿Que a ninguno de los integrantes le encantaba el texto al inicio y aún así nos convencimos de llevarlo a escena? No sé qué avive más tu curiosidad. Quizá hay que empezar por ahí:
“¿Qué te daría suficiente curiosidad como para decidir ir al teatro si nunca has ido? ¿qué obras cómicas de dominio público están disponibles que duren una hora o menos?”

Más o menos, ese fue el filtro que Javier Posada, productor y actor, y yo utilizamos para seleccionar un texto cuando me invitó a dirigirlo. Después de leer varias obras nos decidimos por “La Petición de Mano” de Chéjov, y tras las primeras lecturas, Ana Sonia y Armando se unieron al proyecto.
El proceso de trabajo consistió en tres partes:
Dramaturgia Resonante
Dramaturgia Narrativa
Dramaturgia Viva

Suena muy rimbombante pero a grandes rasgos significa que primero analizamos el texto, luego los actores entrenaron para encarnar sus personajes, y al final ensamblamos las dos partes anteriores en una composición que contara una historia atractiva para ti.
Prestamos mucha atención a mantener el texto fiel al original, considerando que es una traducción de una traducción, para que escucharas a Chéjov lo más parecido a cómo lo leerías si lo sacas de una biblioteca. Javi, Ana Sonia y Armando se esforzaron mucho por construir personajes entrañables y tridimensionales que te recuerden a alguien que conoces para que digas: “no manches, x persona se comporta así”. Vannia Cardenas construyó un espacio, vestuario e iluminación que te sumerge en un entorno realista inspirado en la Ensenada de 1900 que se completa con tu mirada. Alejandra Fernández llegó a dar el toque final, asegurándose de que la intimidad de los personajes se reflejara en escena. Y mi trabajo fue dirigir. Tal cual decir: ¿a dónde vamos? Y como dice la canción, hacer camino al andar.
Todos los integrantes de este equipo pusieron mucho esfuerzo en que disfrutaras una buena tarde de teatro. Por eso te compartiré algunos de los momentos de ese camino que se quedan conmigo, para que sientas que caminaste aunque sea un poquito con nosotros:
Cuando Javi me pidió dirigirlo cuando — según yo — me iba a dar un “break” del teatro.
La cara de preocupación de Armando, Ana Sonia y Javi la primera vez que usamos el tarot. Era una cara como “¿me acabo de meter a una secta?”.
Ese pequeño Eureka cuando por fin logramos realizar el ejercicio del inconsciente que, como por ocho sesiones, no nos salía.
La primera vez que Vannia presenta su boceto de escenografía, con una maqueta de trabajo. ¡Y luego la destruyó mientras sucede el ensayo para modificarla!
Aquel ensayo que los actores acabaron tan rebosantes de energía que no podían dejar de sonreír.
El sabor de los chocolates y galletas de Javi o los brownies de Armando.
La gente de Gym Vital y Casa Azul que amablemente nos prestaron sus espacios y tiempo para que esta obra sucediera.
La risa o mueca de alegría que esperamos sacarte cuando veas la obra.
