Habitar el caos: crear con rigor sin perder humanidad
Entrevista a Vannia Cardenas
Por Xavier Cisneros

A finales de los noventa y principios del nuevo siglo, un grupo variado de jóvenes decidió partir del puerto que los vio dar sus primeros pininos en el escenario. Fue entonces que se trasladaron a ciudades con una oferta académica de alta categoría como el Centro Universitario de Teatro de la UNAM, la Universidad Veracruzana y el Instituto Nacional de Bellas Artes. Fue de este último de donde egresó Vannia Cárdenas, una joven escenógrafa con convicciones claras en cuanto a lo que puede lograr el arte en la sociedad: abrir puentes de diálogo, influir en el criterio tanto del público como de los espectadores y, sobre todo, propiciar el encuentro y la relación que se da en torno a la escena.
Más de una década de experiencia en el diseño y la producción escénica le ha otorgado la destreza de engañar al ojo para que perciba más de lo que realmente se está mostrando. Esta habilidad ha permitido que numerosas puestas en escena aprovechen al máximo sus recursos, encontrando soluciones asequibles sin renunciar a una alta calidad estética.
Para Vannia, la organización es una forma de cuidado. La logística amplía las posibilidades de alcanzar objetivos. Después de transitar un periodo de perfeccionismo al que cataloga como “desgastante, doloroso y mal logrado”, compartir con sus cercanos los trabajos inconclusos, ideas boceteadas y las dudas enriquece de formas insospechadas cada uno de los proyectos, al entender que cada mirada aporta una cosa única.
Muchos universos han sido gestados por la creadora que elige el cartón antes que el ébano, prioriza el bienestar humano por encima del proyecto y, contra todo pronóstico, disfruta la música por encima del teatro. Su imaginario se nutre de cantautores latinoamericanos que exploran la identidad a través de la melodía y de la observación constante de la realidad, especialmente del lenguaje documental, para volver siempre fresca a la ficción de cada montaje.
Es momento de escuchar a la mujer que habita cada escenario, aunque rara vez esté sobre él.
2025 fue un gran año para el teatro en Baja California, especialmente para Ensenada, donde surgieron montajes de gran calidad y propuestas muy diversas. Desde tu mirada como escenógrafa que trabaja y forma en la región, ¿qué crees que detonó esta efervescencia creativa?
Definitivamente la autogestión de los grupos, la colaboración y que muchos proyectos se hicieron por convicción. El trabajo de las compañías hoy por hoy se está gestando desde el querer hacer las cosas y desde la necesidad de llevar las propuestas a escena para compartirlas, pensando también en cómo serán recibidas por el público.
Por otra parte, tenemos un estado que ha trabajado su profesionalización. Vemos una generación de creadores escénicos con una formación y perfiles más definidos. No necesariamente por el estudio universitario, sino porque se fueron perfilando hacia áreas como la iluminación, la plástica escénica, la actuación, etc. Entonces, con esta preparación, se logra tener equipos de trabajo más completos.

Dentro de esta escena local que se está fortaleciendo, ¿hay algún artista o colectivo que te haya sorprendido recientemente por su propuesta o por la forma en que dialoga con el espacio escénico?
El trabajo que hace Teatro en Resistencia me hace mucho sentido, ya que tienen una propuesta muy sólida e interesante. No solo ofrecen obras teatrales, también tienen sección de cuentos y narración oral, en donde van a otros públicos que no son precisamente el de teatro. Lo abren a talleres, conferencias y lecturas dramatizadas. Dar funciones solamente es muy desgastante por toda la logística que implica; además, solo dialogas con un tipo de público.
También me gustaría mencionar al Colectivo Teatro en Espiral, dirigido por Michel Guerra, quienes trabajan en pro del teatro para las infancias. Organizan dos festivales anuales con una mirada muy necesaria y pertinente que apunta a un público de niños y niñas, que me parece importante tengan un primer contacto significativo y valioso en esa etapa; en un futuro será alguien que pueda regresar al teatro.
Tijuana Hace Teatro tiene una propuesta muy bella con la escuela de espectadores. Sobre todo porque, más allá de los espectáculos —que son muy completos en términos de calidad—, estas compañías están construyendo una valiosa relación con el público.

En montajes como La pedida, Casa llena y ¿Por qué la gente recordará a mi padre?, el concepto de “hogar” aparece desde lugares completamente distintos: lo icónico, lo simbólico, lo fragmentado. ¿Cómo se construye una escenografía cuando el punto de partida no es un espacio físico, sino una emoción o una memoria?
Haciendo preguntas sobre las emociones de los personajes, las atmósferas del espacio, para construirlo desde lo poético y significativo. Nunca me pregunto cómo adorna, cómo viste o cómo se va a ver, sino qué va a significar, qué va a desocultarle al espectador, cómo lo va a manipular el actor para poder potenciar una acción, incluso cómo este elemento termina de resolver lo que se plantea en el texto. Trabajo con la palabra antes que con el boceto. Uso palabras clave, cosas que se dicen en ensayos; incluso un chiste tiene mucha información.
La forma y la composición general es lo que más trabajo me cuesta. Casi siempre los colores y los materiales predominan. A partir de eso comienzo a tomar decisiones con base en las necesidades de cada obra. La casa sin techo y las columnas ostentosas de La pedida; los muros y las sombras de Casa llena; los cajones de ¿Por qué la gente recordará a mi padre?, que de forma sabia representan una memoria que se desdobla: una mujer adulta que te está contando cómo fue su infancia. La memoria está representada por una cajonera. Llegué a esa solución al darme cuenta de que yo tengo cajitas y cajones con recuerdos. Sabía que el material tenía que ser madera, algo que nos diera una sensación cálida, un mueble hogareño reconocible para todos.

La delimitación del suelo es una constante en tu trabajo, ¿por qué?
En términos técnicos, el teatro es el espacio vacío, o sea que partimos de la nada y sobre eso construimos. Cuando se usa el piso del teatro siento que no se sostiene en nada. Alguna vez Jorge Folgueira, con quien he trabajado y admiro mucho, me dijo: “El personaje entra por los pies”. Me di cuenta de la importancia del piso y del calzado. Además, es un aspecto que te puede llevar a convenciones increíbles. Alguna vez hice un piso que se extendía hasta las gradas del público para la convención de incluirlos dentro de una escena.

En todo proceso creativo aparece el caos: ideas dispersas, tiempos limitados, presupuestos ajustados, emociones intensas. Para ti, ¿qué significa el caos dentro del trabajo artístico? ¿Es algo que se combate, que se ordena o que se aprende a escuchar?
El caos se habita, pero tienes que hacerlo con herramientas. No lo quiero romantizar, pero me parece el punto de partida sano y natural, así como la angustia y el miedo. Son emociones normales a las que se les ha puesto una carga negativa y se piensa que debemos evitar. Hay que pararse frente a ellas y reflexionarlas. A final de cuentas, no existe el orden sin el caos.
El punto es encontrar las aristas desde las cuales emerge tu trabajo.
Después de años trabajando no solo en el diseño, sino también en la logística, el montaje, las giras y la docencia, ¿cómo ha cambiado tu relación con el tiempo y la organización creativa?
He priorizado la paz y la salud mental; eso me ha permitido estar desde otro territorio en el trabajo. A raíz de eso me di cuenta de que podía llevar una carga de trabajo muy exigente. El año pasado estrené nueve obras de teatro: ocho de ellas en Baja California y una en Xalapa. Fue el año en el que más trabajé, pero también fue en el que más fluyó todo en términos de tiempos y entregas, con todo el caos, la angustia y la incertidumbre que conlleva esta profesión. Encontré una metodología más humana y ordenada que me permitía llevar ese nivel de productividad sin caer en una autoexigencia tóxica. Me di cuenta de que se pueden lograr los objetivos con un sistema nervioso regulado.
Definitivamente cambiaron las circunstancias en las que me permito trabajar. Encuentro formas flexibles y humanas sin bajar el rigor ni la disciplina.

A partir de esta experiencia nace el taller Domar el Caos: organiza tu tiempo creativo. ¿En qué momento sentiste la necesidad de compartir estas herramientas y a quién está dirigido este espacio?
A mitad del año pasado volteé a verme y me pregunté: ¿por qué me siento tan bien?, ¿por qué no estoy en un colapso? (risas). Tenía prisa, estrés y demasiado trabajo, pero aun así me daba tiempo para comer, dormir bien y cuidar ciertas rutinas básicas. Entonces empecé a preguntarme qué era lo que, dentro de todo ese caos, estaba funcionando y saliendo bien.
Hice un replanteamiento con notas y registros de toda la situación laboral, poniendo en papel toda la metodología que, sin querer, ya estaba aplicando. Lo hice consciente. Después de un largo proceso de reflexión y por recomendación de una persona muy cercana, le comencé a dar forma. Es un gran reto salir de los planes académicos universitarios y de las clases magistrales para incursionar en este formato de curso online de dos sesiones completamente en vivo, en donde les enseñaré a evaluar la forma en la que cada uno trabaja y los filtros necesarios para elegir lo que funciona y lo que no.
Sucede un gran cambio cuando descubrimos para qué funcionamos en cada momento del día. Por ejemplo, yo uso mi energía física durante las mañanas para pintar o construir; en tardes-noches tengo mejores resultados con lo mental, como escribir o bocetear. Ese tipo de filtros nos puede ayudar a acomodar las tareas en un calendario. El asistente decide cómo trabaja.
Está dirigido a cualquier persona con trabajo creativo, que suele estar asociado con la saturación de ideas, el sobrepensamiento, incluso el síndrome del impostor. Sobre todo, a quienes tienen muchas ganas de hacer cosas y no saben por dónde comenzar.
¿Qué se lleva alguien que toma este taller? Más allá de metodologías o agendas, ¿qué transformación esperas que ocurra en su proceso creativo o en su relación con su trabajo?
Es un espacio de autorreflexión guiada, de forma segura y amigable. También voy a compartir plantillas que están diseñadas para facilitar la organización a manera de agenda. Si toman el taller, quiero que sepan que son parte de mi comunidad de alumnos; siempre estoy ahí para quien lo necesite. A la fecha me escriben alumnos pidiendo consejos de todo tipo para resolver situaciones técnicas, estéticas, administrativas, de todo tipo. Lo importante es fortalecer la comunidad y crear redes de apoyo con personas que resuenan con lo que pasamos los creativos.

Vannia Cárdenas es escenógrafa, diseñadora y docente con más de una década de experiencia en teatro, danza y ópera. Licenciada en Escenografía por la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA y Maestra en Artes Escénicas por la Universidad Internacional de La Rioja, su trabajo se caracteriza por una mirada que articula poética, técnica y cuidado humano. Ha participado en montajes escénicos y proyectos interdisciplinarios dentro y fuera del país, y mantiene una práctica constante de reflexión sobre los procesos creativos, la organización y la escena como espacio de encuentro.